No sería prudente tildar esta obra de falta de ética, ya que, el fundamento principal no es el de faltar y condenar a nadie por lo ocurrido, sino el de dar a conocer unos básicos hechos que originaron en un “revuelo mental” en la vida y futuro de varios jóvenes. Es evidente que a veces la ficción supera a la realidad, pero, en esta ocasión, no se relatan sucesos fingidos o inventados, pues ello supondría condenar al autor, y ubicarlo, debido a ello, en un amasijo de incoherencias, lo cual no sería bueno.
La procedencia de los hechos que se relatan en esta obra, está autenticada por el propio autor, y él mismo ratifica los daños que se le impusieron de forma visible y anormal, tanto a él como a compañeros que convivieron en aquel colegio que tenía, de común denominador, el castigo.




